Trabajo en la intersección entre la tecnología, la cultura y la política. Creo que el periodismo tiene una función social, y que sería una pena que los empresarios de los medios la abandonaran para intentar salvar sus garitos. También creo que la tecnología de la copia barata es una de las mayores riquezas sociales del cambio de milenio, y que intentar limitarla para favorecer a las industrias de los contenidos es una receta para el fracaso histórico. Por último, creo en la creatividad social, el genio colectivo que Brian Eno llama "scenius", y en Internet como máquina recolectora y concentradora del "superhábit cognoscitivo" que permite coordinar a individuos aislados y agruparlos en proyectos comunes. Vivo en Melbourne (Australia) con mi mujer, mi hija, nuestra perra y un acuario de 80 litros.
“Hemos tenido que destruir el poblado para salvarlo”
– Mayor del ejército norteamericano tras la destrucción del poblado vietnamita de Ben Tre.
En los medios periodísticos es tradición que la mano derecha no sepa muy bien lo que hace la izquierda. La llamada “separación entre Iglesia y Estado” consiste en que los departamentos de redacción y comercial de un periódico sólo se coordinen para repartirse el papel, pero nada más; la publicidad no puede ni debe influir en las noticias, en la sagrada labor del periodismo. En ocasiones, sin embargo, esta desconexión puede ser excesiva, como cuando el lunes pasado los abogados del New York Times obligaron a Apple a retirar del su tienda virtual un agregador de noticias que había recibido alabanzas en el mismo diario.
La prensa está realmente de capa caída. Se sabe porque le salen amigos por todas partes, como en esos velatorios en los que sería fácil dar al muerto por santo. Si quieres saber de quién tienes que preocuparte, pregúntate de quién hablan mal.
La estremecedora imagen de la cogida del torero Julio Aparicio, en las portadas de los periódicos de tirada nacional
“if it bleeds, it leads” = “si sangra, abre (página)” – dicho periodístico
El incidente laboral ocurrido a un torero es un tema de interés humano más que noticioso, y por tanto más propio de las traseras de los periódicos que de las portadas. En el gran esquema del mundo una cogida, por espectacular que sea para el espectador (y trágica para familia y allegados), puede ser un hecho excepcional, pero ¿es noticia?
De las muchas personas que murieron (o que pudieron haberse matado) anteayer, en los periódicos nos muestran una, usando valiosas y escasas columnas de portada. Es un sucedido, parte del discurrir diario de una capital en la que, entre coronarias, autos de choque, cánceres gástricos y caidas de andamio, ayer murió medio millar de personas más o menos, y se libraron por los pelos (y para algunos el indulto será breve) quizá el doble de ese número.
Para la familia y allegados es sin duda una tragedia. Para los taurinos, parte del rito. Para los demás… independientemente de lo que cada uno opine del toreo, la foto sólo sirve para alimentar el morbo y la curiosidad natural que todos tenemos por la muerte. Ya lo hacían los cuentos de viejas y romances de ciego, y lo siguen haciendo las películas gore en los cines; nadie duda que la satisfacción de esta curiosidad morbosa sea una necesidad humana.
Hay a quienes ofende esta portada. A unos, porque no respeta la dignidad del torrero. A otros, porque ataca a la sensibilidad de quien visita el kiosko de prensa y no quiere ver imágenes sangrientas. No son estos mis reparos: las imágenes de la cogida son parte del tributo que paga el torero por ser un persojane público (y bien poco tributo que es la foto comparada con la cogida en sí), y entre las funciones de un periódico no está la de respetar sensibilidades. Si una noticia importa, se publica la imagen que haga falta. Pero es la noticia la que decide si la foto es importante, no la foto la que decide si la noticia lo es.
El morbo vende, y sería interesante estudiar si los periódicos que publicaban las imágenes de la cogida de Aparicio en portada vendieron más que de costumbre, si ganaron ventaja en los quioscos frente a los que no la publicaron. Aún sin datos, nos imaginamos que sí, que el morbo vende. Otra pregunta distinta es cómo y cuánto sirven este tipo de imágenes en portada a la función social del periodismo. La funcion informativa para amigos de la fiesta se cumple igual poniendo la foto en la página 40 que en la portada. La decisión de poner la cogida en portada es algo más que puro deber de informador.
El criterio que ha colocado esta es distinto al de abrir con fotos, tan espeluznantes o más, de balseros muertos en playas de aquí o de allí, de la mancha de petróleo del Caribe, de las matanzas en Sudán, de muertos tirados en una calle en Tel-Aviv, Gaza, Afganistán, Bilbao o Indonesia. If it bleeds, it leads. Si sangra, abre. Pero, parafraseando lo que otros más listos que yo ya han señalado , no todas las tragedias tienen el mismo valor medido en columnas de portada… ni todas deberían tenerlo.
La relación entre los creadores y el entorno digital de Internet se puede comparar a la relación entre los habitantes de las laderas de un volcán y el mismo volcán. Es un hecho natural que el suelo alrededor de los volcanes sea especialmente fértil. Por eso los habitantes de esos parajes conviven con el gigante dormido, incluso regresando a cultivar sus tierras al poco tiempo de las erupciones que se llevan sus casas y las vidas de sus amigos y parientes.
Las erupciones de los volcanes también son hechos naturales. No tienen categoría moral, por mucho que el mito diga que los espíritus de la caldera se aplacan alimentándola de de doncellas. Por esa razón el cálculo de vivir más cerca o más lejos del volcán es una decisión puramente pragmática. Que uno quiera cultivar las mejores tierras o prefiera alejarse a terrenos marginales pero más seguros es una decisión en la que no importan la ideología, la religión, la ética. Sólo la aceptación de que el mundo natural es como es, y si quiere uno vivir en él, quizá pueda modificarlo a su acomodo, pero sobre todo deberá uno adaptarse a sus circunstancias.
La metáfora del volcán es perfectamente aplicable a la creación en el entorno digital. La copia masiva y la creación de parodias y homenajes por parte del público no son, de por sí, ni buenas ni malas, ni todo lo contrario. Los homenajes y las parodias son la forma natural en la que la gente se relaciona con el arte. La copia masiva, como las erupciones de los volcanes o la fertilidad de las tierras abonadas por sus cenizas, no tiene categoría moral. Son hechos naturales, parte del nuevo medio ambiente cultural, y por tanto el sustrato de la nueva economía política del arte, la cultura y el entretenimiento.
Recuerdo perfectamente la mañana siguiente a la muerte de Diana de Gales. Era el 1 de septiembre de 1997. Ese día me levanté y me encaminé a mi nuevo y flamante trabajo en Canal C: de Canal Satélite Digital. Iba a trabajar en la tele, pero aparentemente no tanto como la memoria de la fallecida Ladi Di: prácticamente era imposible encender un televisor sin ver su cara sonriente sobreimpuesta sobre un plano de plató con caras de contertulios apenados.
Cuatro días más tarde murió Teresa de Calcuta, y entonces sí que fue el acabóse. Las dos santas por aclamación popular competían en horario, calendario y en el imaginario de las caras fruncidas que aparecían en las pantallas. Pero incluso en la programación de tarde el morbo tiene un límite, y es que las horas sólo tienen 60 minutos, así que los hábitos de la albanesa y los trapitos de marca de la galesa no sólo competían los unos con los otros, sino también con esas parte esenciales de la programación que son los anuncios y las habituales concesiones a la galería informativa.
En esta cultura de las celebrities cada vez conocemos a más gente (al menos de vista y por la tele), con lo que cada vez las muertes de personas públicas serán más frecuentes, y la televisión generalista no puede dedicarle ya más espacio al famoseo y al culto a las más bajas pasiones. Si le añadimos las inevitables catástrofes naturales, apenas quedan horas en el día. Enciendan si no la tele y vean las hagiografías de Delibes, los terremotos de Haití y Chile, el asesinato de ETA en Francia y el aniversario de los atentados del 11-m, programación que apenas deja sitio en la parrilla de tarde para las mujeres maltratadas y los niños hambrientos. ¡Es lamentable!
Existe, sin embargo, una forma de poder cubrir las necesidades del interés general siguiendo un modelo de programación televisiva ya probado con éxito en otro tema: los deportes.
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