En el MundoReal™ me dedico a hacer cosas en Internet y a escribir. Es lo que me gusta. Después de trabajar en varias empresas puntocom durante la última década, (como en el arranque de Terra y sobre todo en Ya.com) monté mi propia empresa junto con Nacho a finales de 2004: Internality, donde hacemos proyectos web. Allí hemos hecho algunos trabajos interesantes y hemos dedicado tiempo a investigar y aprender cosas nuevas. Mi contador de Vida Propia está últimamente en el nivel «alto».
Ha circulado estos días una apropiada y relajante historia de verano en forma de artículo de la BBC, titulado Cult of less: Living out of a hard drive. Narra la historia de gente como Chris Yurista, un joven de Washington, que básicamente vive con una mochila por toda posesión. Su mundo digital se reduce, de hecho, a un portátil, un disco duro externo y un teclado MIDI.
Pese a las apariencias, la vida digital de la gente como Chris parece igual de plena que la de sus amigos, con la diferencia de que él ha digitalizado de un modo u otro todos sus discos compactos y películas (unos 13.000 MPs en total); no acumula cajas ni posesiones físicas y toda la ropa que posee cabe en una mochila. Va de acá para allá en su bicicleta y duerme en casa de sus colegas. Trabaja y come fuera de casa. Dice que la carencia de ataduras físicas a las cosas le hace sentirse más libre.
Esta tendencia al minimalismo y a la renuncia a la posesión de objetos no es, desde luego, nueva, pero en muchos casos tiene un toque digital interesante. Algunos hasta han hecho de ello un proyecto personal. Kelly Sutton, por ejemplo, montó CultOfLess.com para llevar la cuenta de sus posesiones, con el objetivo de comprobar si era posible «no poseer nada». En su última lista, no muy actualizada, quedaban todavía unos 106 objetos, incluyendo gadgets como un MacBook Pro, memorias USB y hasta una impresora. Prueba no-superada.
Cualquier actividad, por cotidiana que sea, puede servir de entretenimiento y estar llena curiosidades, como bien saben los aficionados a los juegos de letras, palabras y cálculos matemáticos. Los populares mensajes cortos / SMS no son una excepción. Así que ahí va una recopilación de curiosidades y anécdotas interesantes sobre los SMS que he ido recopilando a lo largo de los últimos años, algunos de ellos con la inestimable ayuda de los lectores de Microsiervos, que son muy aficionados a este tipo de cosas:…
Los ordenadores son para hacer… cosas de ordenadores. Comunicarse, hacer las cuentas, escribir, programar, banalidades así. Sin embargo, la imaginación humana no tiene límites y la combinación de la potencia de los ordenadores actuales con el poderío de Internet e incluso a veces los propios avances en el hardware que incorporan nuestros pequeños amigos domésticos permiten hacer cosas raras. O muy raras. Estas son mis favoritas de los últimos tiempos:
1. Buscar marcianos (o lo que surja). Este es tal vez uno de los proyectos más veteranos, peculiares y conocido, quizá por el alcance de su osadía: encontrar vida inteligente en las señales que nos llegan desde el espacio. Se llama SETI@home (pronunciado SETI at home, iniciales de «Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre… desde casa») y es un proyecto de computación distribuida en el que participan miles de voluntarios. Se instala un salvapantallas en el ordenador y los ciclos de CPU no usados de los «ratos muertos» se emplean de analizar paquetes de señales radioeléctricas procedentes del radiotelescopio de Arecibo, en busca de algún signo de inteligencia, como una secuencia de números primos o algo parecido. SETI@home lleva funcionando más de una década, con gente organizada incluso en grupos de fans por países. Funciona en todo tipo de ordenadores y desde hace tiempo emplea en una plataforma llamada BOINC donde hay proyectos similares de este tipo en los que puedes «repartir tu tiempo». De momento no se ha encontrado ninguna señal indicativa de inteligencia procedente del espacio pero… ¡quién sabe cuándo llegará y quién la detectará!
A principios de 2005 se anunciaba la iniciativa OLPC (One Laptop Per Child, «Un ordenador para cada niño») con el objetivo de crear un ordenador adecuado para los países en desarrollo, que pudiera manejar cualquier niño y cuyo coste no superara los 100 dólares. La idea así planteada era tan sencilla como atractiva: todos los medios se hicieron eco de ella. El hecho de que estuviera apoyada por el gurú digital Nicholas Negroponte, una figura clásica del mundo de la tecnología y toda una figura dentro del MIT sirvió para espolearla. En una de las primeras presentaciones la idea se definía así:
Se trata de que los niños puedan disponer de un portátil que les permita acceder a la computación, a la gestión de documentos e imágenes, a acceder a Internet. Pensado para superar la brecha digital y para los países en los que un ordenador representa una barrera. Pero también para los países ricos donde las escuelas no disponen de recursos para informatizar las aulas. Tiene una pantalla que pasa del blanco y negro a color, dependiendo del uso, para ahorrar batería; incluye un procesador de 500 MHz, 1 GB de memoria Flash, conectividad Wi-Fi, 4 puertos USB y ¡una manivela para darle energía!
Existen pequeños e ingeniosos inventos y técnicas que resuelven situaciones cotidianas mediante el conocimiento y uso de la tecnología. Pero su mérito es preciosamente hacerlo mediante baja tecnología: lo más primitivo en la escala evolutiva de los materiales y componentes que se usan en su fabricación, algo que hasta el mismísimo MacGyver admiraría. Generalmente estas soluciones tienen que ver con el ajetreado mundillo tecnológico en que vivimos; su simplicidad resalta entre tanto componente digital y gadget de alta gama y de cientos de euros.
Así que, sin más dilación y con acompañadas de algunas fotos ilustrativas, estas son mis diez soluciones de baja tecnología favoritas, comprobadas en persona y con garantía de funcionamiento:
1. Un organizador de cables con clips metálicos para papel. Para poner orden en la maraña de cables de toda mesa del ordenador moderna se pueden comprar varias cajas de distintos tamaños de clips en las tiendas de «todo a un euro», que se adapten al ancho de la mesa y permitan pasar cables de distintos diámetros. Es una idea que David Rudolf Bakker publicó en Lifehacking. Si se emplean clips de colores además de práctico puede quedar hasta bonito.
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